Viaje al centro del Paraíso

Se reunían siempre en la primera semana de septiembre. Habían comenzado a hacerlo en 1897. En los primeros años no resultaba fácil. Julio gozaba de más tiempo libre. No había perdido su genio creativo, pero ya no estaba bajo los focos del mundo y podía trabajar y vivir con más tranquilidad. Las mayores dificultades las presentaba Antonio. En esa época estaba en su mejor momento. Le surgían encargos por toda España a los que debía viajar a regañadientes. Pero el problema mayor se debía a que era muy meticuloso. Su obra era compleja, difícil de rematar. Julio siempre se lo echaba en cara: “Hay que resolver, Antonio. Si yo hiciese como tú, no hubiese terminado ni mi primera novela”. “Tienes razón, Julio. Pero yo no soy así. No tengo tu chispa. Al fin y al cabo me inspiro en el crecimiento de las plantas, y eso siempre es lento”.

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Julio pasó a mejor vida a principios del siglo XX. Antonio le sobrevivió más de 20 años. Nunca consiguió acostumbrarse a reunirse con un fantasma, pero era imposible resistirse a una buena conversación con su amigo francés.

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En 1926, un tranvía se cruzó en la vida de Antonio. Ya podían reunirse de igual a igual. Y ahora con más facilidad para coincidir. Durante años se citaron en lugares diversos, pero al final acabaron por hacerlo siempre en un sitio fijo.

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“Ese muchacho es sin duda tu mejor discípulo, Antonio”. “Yo no le llamaría discípulo, tiene sus propias ideas. Su trabajo es menos vegetal, más rocoso. Le llaman historicista”. “Magnífico”. “En verdad que sí lo es”.

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El discípulo era otro Antonio, en esta caso de apellido Palacios. Y el lugar elegido para las reuniones era una de sus obras gallegas más recientes: la Central Hidroeléctrica del Tambre, a la que nuestros amigos llamaban “la catedral industrial de Galicia”.

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Esta hermosa colección de edificios modernistas se encontraba aislada en el centro de un bosque de robles, laureles y  sauces. Las comunicaciones para llegar eran las justas. En el recinto hidroeléctrico también convivían los restos de una antigua pesquería. De ahí el nombre del establecimiento hotelero del que disfrutaban los fantasmas: Hotel de Naturaleza “Pesquería del Tambre”. Allí pasaban horas sentados en una terraza al lado del río. Adoraban esa tranquilidad. A Antonio también le fascinaba la explosión de vegetación que les rodeaba. Pensaba que si él hubiese sido el arquitecto, se hubiese ensimismado con esa compañía verde; pero Palacios dibujó la central con su estilo más pétreo, entre un castillo guerrero y uno de cuento.

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Julio disfrutaba especialmente con los paseos por el lugar. La lamprea no era lo suyo, pero le gustaba visitar los restos de la pesquería. O llegar hasta la devesa del Nimo. También se divertía pasando el puente colgante. “Aquí Noia, aquí Outes. Aquí Outes, aquí Noia”, solía exclamar mientras lo recorría a una velocidad que provocaba algo más que un ligero balanceo. Antonio, mucho menos aventurero, sufría acompañando a su atrevido amigo, pero en general la semana de estancia resultaba muy placentera para ambos. Comían bien, descansaban a gusto y tomaban café o té al borde del río, que era casi un lago en este lugar. Todo transcurría con la máxima tranquilidad, sin interferencias del mundo exterior. Con mucha calma. El resto de los visitantes apenas reparaban en ese par de venerables ancianos con curiosas vestimentas. Nadie causaba molestia alguna. Mucha gente hacía fotos, algunos preguntaban por la posibilidad de abrir un museo con todas las piezas antiguas de la central, otros realizaban rutas de senderismo o bajaban en planeadora hasta el estuario del Tambre. Nuestros protagonistas los acompañaban alguna vez, ya que sentían especial deleite en pasar por los arcos de Pontenafonso.

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“Esto es el paraíso, Antonio”. “Pues escribe un cuento. Y ponle un título a tu estilo: Viaje al centro del paraíso. ¿Qué te parece?”. “Pues no lo descarto, pero sin prisa”.

“Te estás haciendo vago, Julio”. “¡Mira quién habla, Billy el rápido! Mira, terminaré el cuento cuanto tú acabes la Sagrada Familia, ¿qué te parece?”. “Huy, ese ha sido un golpe bajo”.

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lanchas

 

Cómo llegar: Desde la vía rápida AG-56 tomar la salida nº 27 Lousame-Sampaio-Noia, en dirección a Santa María de Roo, y seguir las señalizaciones el Hotel Pesquería do Tambre. www.pesqueriadeltambre.es

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